Es una aplicación de edición fotográfica con inteligencia artificial, desarrollada por Vision Labs para iPhone y Android. Cargas una selfie y la app devuelve esa misma fotografía con otro look encima: más de cien cortes de pelo, cerca de veinte colores, maquillaje, prueba de ropa, retratos de estudio y remoción de fondo.
La diferencia con un filtro es que acá no hay plantilla en la que insertes tu cara. Tus rasgos, tu tono de piel y la luz de la foto original se mantienen, de modo que la imagen contesta cómo te quedaría a ti y no cómo le queda a quien posa en el catálogo del salón.
El uso básico es gratuito. Existe además una suscripción opcional, Visio Pro, pensada para quien quiere generar muchas versiones seguidas y acceder a funciones adicionales.
Porque una vez que estás en la silla, ya lavada y con la tijera en movimiento, retractarse es socialmente casi imposible. La decisión se termina tomando bajo presión de tiempo, sin poder ver alternativas en paralelo y sin margen para cambiar de opinión sin incomodar a nadie.
Y el costo del error se mide en meses. Con un pelo que gana algo más de un centímetro mensual, un corte equivocado son varias estaciones de espera, y un aclarado mal calculado son varias sesiones de corrección repartidas en semanas, más el desgaste que deja en la fibra.
En una imagen, en cambio, cambiar de opinión es gratis y toma segundos. Puedes revisar quince cortes mientras tomas once, descartar los que evidentemente no van y llegar a tu hora con una referencia hecha con tu propia cara. La decisión se adelanta al momento en que todavía no cuesta nada.
En Santiago, un corte de mujer se mueve entre 17.000 y 30.000 pesos, y esa brecha de casi el doble separa a las peluquerías de barrio de los salones del sector oriente. Los locales que publican su propia lista tienden a ubicarse entre 24.500 y 30.000; en plataformas de reserva hay horas desde 17.000.
En color, el dato mejor respaldado es el del balayage, y enseña cómo se cobra acá: por escalera de largo. Una peluquería de Ñuñoa publica su balayage para pelo corto en 96.500 pesos y un salón de Las Condes cobra 235.000 por el tramo XXL. El desde de cualquier aviso corresponde al pelo corto. Todas estas cifras son de Santiago y no de otras ciudades.
Ninguna de ellas incluye lo que viene después, que es donde el gasto se acumula de verdad: retoques de raíz, matices, tratamientos y producto para la casa. Revisar el resultado antes de entrar en ese calendario es, con diferencia, la parte más barata del proceso.
Porque es un factor que las guías internacionales no consideran y que acá manda. En verano, Chile registra algunos de los índices de radiación ultravioleta más altos del planeta, por el adelgazamiento de la capa de ozono sobre el cono sur y el cielo despejado. Esa radiación destiñe el color y reseca las puntas, y hace que un tono que debería durar dos meses dure la mitad.
En invierno, sobre todo en Santiago, el factor es el aire. La ciudad ocupa una cuenca cerrada por cordones montañosos y la inversión térmica impide que el material particulado se disperse, con la calefacción de interiores restando humedad por encima. El pelo se ensucia antes y el cuero cabelludo se irrita.
El país además se extiende del desierto de Atacama a la Patagonia, así que lo que resuelve el problema en Antofagasta no lo resuelve en Puerto Montt. Las páginas de cada corte y de cada color de este sitio están escritas teniendo eso a la vista.
Una de frente, con el rostro bien iluminado, sin lentes de sol y sin nada que interrumpa el contorno de la cara. La luz de una ventana entrega resultados bastante mejores que la ampolleta del techo o el flash. Si vas a probar cortes cortos, conviene tener el pelo tomado o retirado del rostro.
Después eliges corte o color y esperas unos segundos. Puedes generar varias versiones, ponerlas lado a lado y guardar las que te convenzan. Para quien te va a atender, dos o tres imágenes tuyas guardadas son una referencia infinitamente más útil que una captura de internet protagonizada por otra persona.
Está el probador de ropa, que te permite ver una prenda sobre tu propia figura antes de comprarla y ataca la misma frustración desde otro ángulo: comprar a ciegas y devolver después.
También puedes generar retratos de estudio a partir de selfies corrientes, útiles para el currículum, para LinkedIn o para un perfil profesional sin pagar una sesión fotográfica. Y hay filtros artísticos para llevar tus fotos a otros estilos visuales.
Sobre todo esto conviene ser explícito: se trata de vistas previas fotorrealistas, no de simulaciones técnicas. Ninguna imagen generada puede anticipar cómo va a responder tu fibra a una decoloración o a un alisado. Esa evaluación le corresponde a tu estilista, que necesita ver tu pelo en persona y conocer tu historial químico.
Sube una foto y compara más de cien cortes y cerca de veinte colores sobre tu rostro, con tu textura y tu tono de piel reales.
Gratis para empezar, con Visio Pro opcional. Es una vista previa en foto: no diagnostica tu fibra ni anticipa cómo va a reaccionar a una decoloración. Eso lo evalúa tu estilista con tu pelo en la mano.