Visio AI es un editor de fotos con inteligencia artificial para iOS y Android, hecho por Vision Labs. Subes una selfie y la app genera una versión fotorrealista de esa misma foto con otro look: más de cien cortes de cabello, cerca de veinte colores, maquillaje, prueba de ropa, retratos tipo estudio y remoción de fondo.
No es un filtro ni una plantilla donde metes la cara. Conserva tu rostro, tu tono de piel y la iluminación de la foto original, así que lo que ves responde a la pregunta de cómo te quedaría a ti, y no a la de cómo le queda a la modelo del catálogo del salón.
Es gratis para empezar y tiene una suscripción opcional, Visio Pro, para quien quiere más generaciones y funciones adicionales.
Porque el salón es el peor lugar para cambiar de opinión. Ya estás sentada, ya te lavaron, la peluquera ya tiene la tijera en la mano y decir que mejor no se vuelve casi imposible. La decisión se toma bajo presión y sin poder comparar alternativas.
Y el error se paga en tiempo. El cabello crece entre uno y uno y medio centímetros al mes: un corte que no era para ti se convierte en un año de espera, y un rubio mal calculado se convierte en varias sesiones de corrección, que en Bogotá se publican desde 590.000 pesos.
En una foto, cambiar de opinión no cuesta nada. Puedes ver quince cortes en diez minutos, descartar los que claramente no van y llegar a la cita con una referencia de tu propia cara. La decisión se mueve al momento en que todavía es barata.
En Bogotá, las listas publicadas en Fresha ubican el corte de dama entre 18.000 y 95.000 pesos según el sector, los servicios de color entre 85.000 y 422.000, el balayage alrededor de 300.000 y los tratamientos de keratina entre 150.000 y 362.000 según el largo y el producto.
En el rango alto de la ciudad, El Mago del Color publica su corte de dama en 80.000, el retoque de raíz desde 190.000, el cubrimiento de canas en 350.000 y su balayage Signature desde 400.000. En Medellín hay cortes desde 15.000 y diseños de balayage publicados en 480.000 con seis horas de servicio.
Ninguna de esas cifras incluye el mantenimiento, que es donde se acumula el gasto de verdad: retoques cada cuatro a seis semanas, matices, tratamientos y producto en casa. Ver el resultado antes de arrancar ese calendario es la parte más barata de todo el proceso.
Sube una foto de frente, con la cara bien iluminada, sin gafas de sol y sin nada que tape el contorno del rostro. La luz de una ventana da resultados notablemente mejores que la luz de techo o el flash. Si vas a probar cortes cortos, ayuda tener el cabello recogido o retirado de la cara.
Elige el corte o el color y espera unos segundos. Puedes generar varias versiones, compararlas lado a lado y guardar las que te convenzan. Llegar a la peluquería con dos o tres imágenes guardadas es una referencia mucho más útil para quien te va a atender que una foto de internet.
Puedes probarte ropa. El probador virtual te deja ver una prenda sobre tu propia figura antes de comprarla, que resuelve la misma frustración de otra manera: comprar sin saber y devolver después.
También puedes generar retratos tipo estudio a partir de selfies normales, útiles para la hoja de vida, para LinkedIn o para un perfil profesional, sin sesión fotográfica. Y hay filtros artísticos para convertir tus fotos en otros estilos.
Sobre todo esto conviene ser claro: son vistas previas fotorrealistas, no simulaciones técnicas. Ninguna imagen generada predice cómo va a reaccionar tu fibra capilar a una decoloración o a un alisado. Esa parte le corresponde a tu peluquera, que necesita ver tu cabello en persona y conocer tu historial.
Sube una selfie y compara cortes y colores sobre tu propio rostro, con tu textura y tu tono de piel. Más de 100 cortes y cerca de 20 colores.
Gratis para empezar, con Visio Pro opcional. Es una vista previa en foto: no diagnostica tu cabello ni predice cómo va a reaccionar a un químico. Eso lo decide tu peluquera con tu cabello en la mano.